Pasajeros que se desplazan diariamente entre los municipios Tomás Lander y Urdaneta enfrentan esperas de hasta hora y media, autobuses en deplorables condiciones mecánicas y tratos vejatorios. Exigen la intervención inmediata del INTT y las alcaldías para frenar los abusos, el sobreprecio nocturno y el hacinamiento en las unidades.
CÚA. – Un verdadero calvario viven a diario cientos de ciudadanos que necesitan trasladarse entre los municipios Tomás Lander y Urdaneta del estado Miranda. La falta de unidades, el marcado deterioro de los autobuses y el incumplimiento recurrente de los horarios en la ruta Ocumare – Cúa, que atraviesa la populosa parroquia de Santa Bárbara, han convertido el desplazamiento cotidiano en una experiencia represiva que vulnera la dignidad humana y deteriora severamente la calidad de vida de los trabajadores y estudiantes de la zona.
Así lo consideran usuarios que denuncian a través de nuestros canales de la Red Vecinal La Voz del Tuy, donde además alegan que durante las horas pico de la mañana y la tarde, las unidades tardan entre 30 y 40 minutos en pasar por la arteria vial. Sin embargo, al momento de aproximarse a las paradas, los autobuses ya se encuentran completamente colapsados de pasajeros. Esta situación obliga a los usuarios a abordar las unidades bajo un hacinamiento extremo o a esperar hasta 90 minutos para lograr subir a un colectivo. Durante las horas de menor afluencia, el tiempo de espera supera con facilidad los 60 minutos, manteniendo la misma dinámica de sobrecarga.
Unidades en estado crítico y vulneración a la dignidad
A la falta de frecuencia del servicio se suma el grave estado físico y mecánico de la flota vehicular. Los usuarios reportan que la mayoría de los colectivos están sucios, con asientos rotos, cubiertos de grasa y emanando olores desagradables. Es recurrente que los pasajeros arriben a sus puestos de trabajo o centros de estudio impregnados con humo de combustión de los motores por fallas mecánicas no corregidas.
La experiencia resulta especialmente abrumadora para las mujeres que dependen de esta línea para cumplir con sus jornadas laborales tempranas.
«Para poder entrar a trabajar a las 7:00 de la mañana en Cúa, tengo que estar desde las 5:30 de la mañana en la parada de Casa de Tejas. Si no lo hago así, llego tarde, sucia y manoseada. El hacinamiento es tal que resulta desagradable sentir el roce constante del colector pasando por el pasillo a cada rato para cobrar. Debería existir otro sistema de cobro si van a meter gente hasta que no quepa nadie más; están vulnerando la dignidad humana», denunció Juana González, habitante de la urbanización Casa de Tejas en Ocumare del Tuy.
Incumplimiento de las normativas de transporte terrestre
La insatisfacción popular se incrementa ante los constantes ajustes de pasaje aprobados de manera periódica. Las promesas de mejora en la prestación del servicio que acompañan a cada incremento tarifario han quedado relegadas, convirtiéndose en una práctica recurrente sin resultados tangibles para la comunidad.
Los usuarios señalan que muchos conductores intentan evadir las regulaciones estatales escudándose en la propiedad privada de las unidades para justificar el maltrato y las irregularidades en el cobro.
«Cuando uno hace el reclamo, los choferes alegan que ellos son los dueños de los carros y que suben o bajan a los pasajeros que les da la gana ‘porque es su carro’. Se les olvida que están violando la Ley de Tránsito y Transporte Terrestre. El Estado otorga una concesión de explotación económica sobre una vía pública; por ende, el servicio es público y la unidad queda regulada por la administración. El chofer se debe al pasajero y no al revés», enfatizó el abogado y usuario frecuente Carlos Alberto Martínez.
Desprotección nocturna y proliferación de piratas
La problemática se agudiza al caer la tarde. Después de las 6:00 p.m., las unidades pertenecientes a las líneas adjudicadas desaparecen de las plataformas de los terminales tanto de Cúa como de Ocumare del Tuy. Esta ausencia deja desamparados a cientos de ciudadanos que retornan a sus hogares tras cumplir la jornada laboral.
Ante el abandono de la ruta formal, proliferan los transportistas informales o «piratas», quienes imponen tarifas elevadas e ilegales que multiplican el costo del pasaje.
«Después de las seis de la tarde no hay autobuses legales en los terminales. Quedamos a merced de los carros piratas que cobran precios exorbitantes porque se aprovechan de la necesidad que tenemos de llegar a nuestras casas. Los adultos mayores, estudiantes y personas con discapacidad sufrimos el peor trato, porque directamente no nos quieren prestar el servicio ni respetan la exoneración legal», afirmó Pedro Rengifo, vecino del sector Bello Horizonte en la parroquia Santa Bárbara.
Ante este panorama crítico, la colectividad de los Valles del Tuy emite un llamado urgente al Instituto Nacional de Transporte Terrestre (INTT) y a las Direcciones de Transporte de las alcaldías de los municipios Tomás Lander y Urdaneta. Exigen un operativo de fiscalización permanente para sancionar a los prestadores de servicio que violen la ley, fiscalizar el estado mecánico de las unidades y garantizar el derecho a un transporte digno y eficiente.
Vía: Red Vecinal La Voz del Tuy



