Este miércoles 30 de julio, la península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, fue epicentro de un terremoto de magnitud 8,8, considerado el más potente registrado en el mundo desde el devastador sismo de Tohoku, Japón, en 2011. El evento sísmico ha generado alertas de tsunami en múltiples países del Pacífico, incluyendo Japón, Hawái, Alaska, Chile, México y Perú.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el epicentro se localizó a unos 18 kilómetros de profundidad en la fosa de Kuril-Kamchatka, una zona de subducción donde la placa del Pacífico se desliza bajo la de Okhotsk. Este tipo de falla, conocida como megathrust, es responsable de los terremotos más intensos del planeta, como los ocurridos en Sumatra (2004) y Fukushima (2011).
El sismólogo John Townend, de la Universidad de Victoria en Wellington, explicó que el terremoto ruso liberó aproximadamente 30 veces más energía que el sismo de Kaikoura (Nueva Zelanda, 2016) y solo tres veces menos que el de Tohoku. Las primeras estimaciones indican un deslizamiento de más de 10 metros en un área de 150 por 400 kilómetros.
Aunque no se han reportado víctimas mortales hasta el momento, las autoridades rusas han activado protocolos de emergencia en ciudades costeras como Petropávlovsk-Kamchatski, mientras que en Japón se han evacuado más de dos millones de personas en zonas como Fukushima, Ibaraki y Hokkaido. En Hawái, las sirenas de alerta fueron activadas y se ordenó el cierre de playas.
El Instituto de Geociencias (IGEO), dependiente del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid, confirmó que este terremoto se ubica como el sexto más potente desde que existen registros instrumentales. Kamchatka, históricamente propensa a este tipo de fenómenos, ya había sido escenario de un sismo de magnitud 9 en 1952.
Expertos advierten que el tsunami generado podría impactar diversas costas del Pacífico durante las próximas horas, con olas de hasta cuatro metros en algunas regiones. Además, se han registrado más de 10 réplicas superiores a magnitud 5, siendo la mayor de 6,9.
Este evento reafirma la peligrosidad de las zonas de subducción y la importancia de los sistemas de alerta temprana. Aunque la tecnología ha permitido una respuesta más rápida, el desafío logístico y humano ante fenómenos de esta magnitud sigue siendo enorme.
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Agencias