Poderosa tradición: La Virgen de La Candelaria y el fervor que ilumina a los Valles del Tuy cada 2 de febrero
Cada 2 de febrero, el cielo de Venezuela se ilumina con una fe renovada. La celebración de la Virgen de La Candelaria, una advocación mariana que tiene sus raíces en las Islas Canarias (España), se ha convertido en una de las festividades más profundas y coloridas de nuestra identidad nacional. Para los habitantes de los Valles del Tuy, esta fecha no es una simple página en el calendario; es el punto de encuentro entre la espiritualidad, la historia y la culminación de nuestras tradiciones decembrinas.
El significado teológico: La Presentación y la Luz
El origen de esta fiesta es doble. Por un lado, conmemora la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén y la Purificación de la Virgen María, cumpliendo con la ley judía. Por otro lado, la figura de la Virgen sosteniendo una vela o «candela» simboliza a Cristo como la «Luz del Mundo».
Esta simbología de la luz es lo que le da nombre a la festividad: la fiesta de la luz, de las velas que guían el camino de las familias venezolanas hacia un año de prosperidad y paz.
La Virgen de la Candelaria en el corazón del Tuy
Aunque la devoción se extiende por todo el país, en los Valles del Tuy la fecha adquiere un matiz de identidad propia. Históricamente, nuestra región recibió una importante influencia de inmigrantes canarios que se asentaron en estas tierras fértiles para el cultivo. Con ellos, trajeron la devoción a su patrona.
En municipios como Lander (Ocumare del Tuy) y Paz Castillo (Santa Lucía), la celebración suele reunir a las comunidades en procesiones donde las velas encendidas son las protagonistas. Es común ver a los fieles llevar sus velas a las iglesias para ser bendecidas, creyendo firmemente que estas luces protegerán sus hogares contra tormentas y dificultades durante el resto del año.
Particularmente en sectores populares de Cúa y Charallave, la tradición se vive con el «pago de promesas». Muchos tuyeros, vestidos de blanco o con detalles amarillos, acuden a los templos para agradecer favores concedidos, especialmente relacionados con la salud y la protección de los niños, en un gesto que recuerda la presentación del Niño Dios.
El cierre definitivo de la Navidad: «La Paradura del Niño»
Para el venezolano, y muy especialmente para el tuyero, el 2 de febrero marca un límite emocional y festivo: es el fin oficial de la Navidad. Mientras que en otros países el ciclo termina el 6 de enero con los Reyes Magos, en nuestra tierra extendemos la alegría hasta el día de la Virgen de La Candelaria.
Es en esta fecha cuando se realiza de forma definitiva el levantamiento del pesebre. En muchas casas de los Valles del Tuy, aún se conserva la tradición de la Paradura del Niño. Entre rezos, cantos de aguinaldos y parrandas, el Niño Jesús es levantado de su cuna en el nacimiento para ser «parado» y puesto en un lugar de honor, o simplemente guardado hasta el próximo año.
«Si la Candelaria llora (llueve), el invierno está fuera; si no llora, ni dentro ni fuera». Este antiguo refrán campesino todavía resuena entre nuestros productores agrícolas del Tuy, quienes observan el clima de este día para predecir cómo vendrán las lluvias para las cosechas.
Una invitación a la reflexión y la unidad
Más allá de los rituales, el 2 de febrero nos invita a los tuyeros a ser «luz» en nuestras comunidades. En La Voz del Tuy, rescatar estas fechas de la Virgen de la Candelaria es vital para que las nuevas generaciones no olviden de dónde venimos. La Virgen de la Candelaria nos enseña que, así como el fuego de una pequeña vela puede iluminar una habitación oscura, nuestra fe y trabajo unido pueden iluminar el futuro de nuestra región.
Al apagar las luces del arbolito y guardar las figuras del pesebre este día, el tuyero no se despide de la alegría, sino que la transforma en esperanza para afrontar los retos del año que apenas comienza.











