Caracas– El emblemático Poliedro de Caracas se convirtió formalmente en el epicentro mundial del ritmo caribeño con la celebración de «La Gran Rumba del Merengue 4». El esperado concierto maratónico, que arrancó el pasado sábado 13 de junio, convocó a más de 30,000 personas en una jornada histórica de 12 horas de música continua que se extendió de forma ininterrumpida desde las 8:00 de la noche hasta el amanecer del día siguiente.
El evento, producido bajo el exitoso concepto de «Omar Enrique y sus amigos» por las firmas OM Producciones y Manager Show, destacó por una impecable logística y producción de estándares internacionales. La organización del espectáculo cuidó cada detalle técnico para ofrecer una experiencia fluida al público venezolano. Entre las principales ventajas de la infraestructura destacaron las transiciones de tarima inmediatas entre artistas, un riguroso despliegue de máxima seguridad dentro y fuera del recinto, climatización óptima gracias al sistema de aire acondicionado de la cúpula, y variadas zonas gastronómicas que garantizaron la total comodidad de los asistentes durante la larga velada.
El imponente escenario de La Rinconada vibró con una constelación de estrellas internacionales de la talla de Ilegales, Eddy Herrera, Sergio Vargas, Miriam Cruz, Kinito Méndez, Fernando Villalona y Bonny Cepeda. Cada uno de los exponentes dominicanos repasó los grandes éxitos que han marcado a distintas generaciones de bailadores.
Por su parte, el talento nacional brilló con fuerza bajo el liderazgo del anfitrión Omar Enrique, quien estuvo acompañado por figuras estelares del patio como Diveana, Omar Acedo, Roberto Antonio, Las Chicas del Can y Mery «Tu Loba». El toque emotivo de la producción lo pusieron el artista colombiano Danny Marín y un sentido tributo al legado de Rubby Pérez ejecutado por sus propios hijos, Zulinka y Miguel, el cual conmovió de forma especial a la audiencia.
Con este despliegue técnico y artístico, la emblemática cúpula consolidó una vez más a la capital de la república como el auténtico templo del merengue en la región, dejando una huella imborrable en los miles de fanáticos que disfrutaron de una fiesta perfecta de principio a fin y reafirmando la capacidad del país para albergar espectáculos masivos de primer nivel.



