Charallave – Miranda. – La incertidumbre crece entre los transportistas y particulares que transitan diariamente por la Autopista Regional del Centro (ARC), específicamente en el tramo correspondiente al estado Miranda (Troncal 1). Diversos usuarios han alzado su voz para denunciar que, desde hace algún tiempo, los servicios de ambulancias y grúas pertenecientes a la administración vial dejaron de operar por completo.
Lo que causa mayor malestar en la colectividad es que este servicio no depende de presupuestos públicos directos, sino que es financiado de forma privada por los propios conductores a través del pago obligatorio en las estaciones de peaje de Miranda, como el Peaje de Tazón. Los afectados señalan que, a pesar de cumplir con la tarifa exigida para el mantenimiento de las vías y los servicios de asistencia, quedan totalmente desamparados si les ocurre un percance mecánico o un siniestro.
Tarifas en constante aumento y vías alternas destruidas
Los usuarios manifiestan que las tarifas por el derecho a la circulación son incrementadas con frecuencia y sus costos no son nada económicos. Ante esta situación, muchos choferes se ven atrapados sin opciones viables para resguardar su economía, puesto que las rutas secundarias de la región no representan una alternativa real.
Carlos Mendoza, conductor de una línea de transporte interurbano, detalló la encrucijada que viven los profesionales del volante en esta importante arteria vial:
«Suben las tarifas del peaje a cada rato y uno paga pensando en que viaja seguro. Si te quedas accidentado de noche, tienes que pagar fortunas a una grúa privada porque las del peaje desaparecieron. Y si piensas en irte por las vías alternas para evitar el gasto, esas carreteras están completamente destruidas, llenas de huecos y fallas de borde. No nos queda de otra que pagar y arriesgarnos en la Troncal 1», denunció Mendoza.
Tramos a oscuras multiplican el peligro en la Troncal 1
A la preocupante falta de asistencia mecánica y médica se suma el progresivo deterioro de la infraestructura eléctrica. Los conductores reportan que existen extensos tramos de la autopista que hoy se encuentran en total oscuridad durante las horas nocturnas, afectando zonas que anteriormente contaban con un sistema de iluminación operativo.
El déficit de servicios viales ha sobrecargado a los organismos de seguridad ciudadana del estado. Actualmente, los distintos reportes de colisiones e incidencias viales son atendidos exclusivamente por el cuerpo de Bomberos de Miranda (adscritos a la estación Los Anaucos) y las unidades de rescate de Protección Civil, mientras que el remolque de vehículos quedó privatizado de facto.
Mariela Silva, conductora particular que transita la ruta desde los Valles del Tuy hacia Caracas, relató una experiencia reciente que evidencia los riesgos de la falta de alumbrado público:
«Es una boca de lobo pasar por el tramo de Miranda después de las seis de la tarde. Hay zonas donde la oscuridad es tan densa que no se ven los desperfectos de la vía ni los escombros. Hace una semana vi a una familia accidentada a la orilla del camino, en plena oscuridad y esperando por una grúa particular que les cobraba un dineral. Se supone que para eso pagamos un peaje, para tener auxilio vial inmediato y carreteras iluminadas», fustigó Silva.
Ante el evidente deterioro de las condiciones de la autopista, los usuarios de la vía pública se preguntan de manera recurrente: ¿a dónde van a parar los millonarios recursos obtenidos por concepto de recaudación de peaje? Los afectados exigen un pronunciamiento urgente por parte de las autoridades competentes para restablecer los derechos de los usuarios.
El peaje debe traducirse en seguridad, no en un gasto estéril
El cobro de un peaje en cualquier autopista del mundo se justifica bajo una premisa fundamental: el ciudadano financia directamente la excelencia de la vía que transita a cambio de seguridad, rapidez y asistencia oportuna. Cuando este mecanismo se distorsiona y se convierte en una simple alcabala de recaudación que vacía los bolsillos pero devuelve carreteras a oscuras y desamparo mecánico, el contrato social entre el usuario y la administración vial se rompe. Conducir por la principal arteria del país no puede seguir siendo un acto de azar donde la vida dependa de la suerte de no quedarse accidentado en la penumbra. Es hora de que los recursos recaudados se reflejen en el asfalto, las luminarias y en esas grúas y ambulancias que hoy tanta falta hace en la vía.
Vía: Red Vecinal La Voz del Tuy


