Ahora más que nunca, debemos conocer el impacto del Masking en la salud mental de adolescentes neurodivergentes
En la búsqueda de aceptación social, muchos adolescentes con condiciones del neurodesarrollo —como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) o el TDAH— desarrollan una estrategia de supervivencia conocida como masking o camuflaje social. Esta técnica consiste en imitar comportamientos neurotípicos (como forzar el contacto visual o suprimir movimientos repetitivos) para evitar el estigma o el rechazo.
Sin embargo, lo que parece una «adaptación exitosa» es, según expertos latinoamericanos, una de las mayores cargas cognitivas que un joven puede soportar. Autores como la Dra. Cynthia D’Agostino, referente en autismo femenino en la región, señalan que este esfuerzo constante por «parecer normal» deriva frecuentemente en el Burnout Autista, un estado de agotamiento físico y mental severo que puede confundirse con depresión clínica.
El impacto en el bienestar emocional
Diversas investigaciones publicadas en revistas como Neurología y por organizaciones como la Liga Colombiana de Autismo y especialistas en Venezuela, coinciden en que el masking prolongado se asocia con:
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Pérdida de identidad: El adolescente deja de reconocer sus propias necesidades y gustos por cumplir expectativas ajenas.
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Ansiedad y Depresión: La vigilancia constante del propio comportamiento genera niveles de cortisol elevados.
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Retraso en el diagnóstico: Especialmente en niñas y adolescentes femeninas, quienes suelen ser más hábiles en el camuflaje, lo que posterga el acceso a apoyos necesarios.
¿Cómo identificar el agotamiento por masking?
Para los padres y docentes, es vital observar cambios tras la jornada escolar. Un signo común es el «efecto de colapso al llegar a casa»: un joven que parece integrarse bien en el aula, pero que al llegar a su hogar presenta crisis de llanto, irritabilidad extrema o necesidad de aislamiento total en la oscuridad.
La clave para la salud mental del adolescente neurodivergente no reside en enseñarle a encajar, sino en construir entornos donde la diferencia sea validada y el camuflaje no sea un requisito para la dignidad humana.


